La imagen dominante sobre las mujeres árabes es la de la
mujer pasiva, exótica, víctima, velada, reaccionando a los acontecimientos en
lugar de participando activamente en ellos. Una mujer impersonal y
"comunitarizada" cuya representación está rodeada de estereotipos que
interactúan como fuente de prejuicios culturales.
Sin embargo, esto no corresponde a la realidad. Las
sociedades árabes se encuentran en un proceso de cambio intenso e irreversible
en el que las mujeres son un actor crucial.
La visión esencialista dominante que se tiene de las
sociedades árabes hace que no se manifieste interés por lo que pudiera romper
una imagen fuertemente forjada sobre esa supuesta "especificidad
islámica" que encierra a todas las mujeres árabes en una misma realidad,
cuando lo que viven es una enorme diversidad de situaciones. Esto impide que
muchos vean, y mucho menos evalúen, los cambios profundos que tienen lugar (y
cómo las mujeres están impulsando esos cambios). Así, Occidente corre el riesgo
de privarse de una clave importante para entender el mundo árabe hoy, y cómo
será mañana.
La emergencia de un liderazgo femenino en las luchas en ascenso desafía dos narrativas comunes sobre la mujer árabe: la dominante en los ámbitos islamistas conservadores que la concibe como devota esposa, madre y sexualmente pura, y la del discurso neo y social-liberal euronorteamericano, que la presenta como una pobre víctima que necesita la ayuda occidental y sus valores liberal-democráticos. “Este no es el tipo de mujer que ha emergido de Túnez y Egipto en las últimas semanas (...). Las mujeres árabes se rebelan contra ambas narrativas (...). Están tomando en mano de sus propios destinos, determinadas a liberarse a sí mismas mientras liberan a sus sociedades de la dictadura”


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