viernes, 11 de mayo de 2012

Los movimientos ciudadanos


Desde el mundo árabe hasta el mundo occidental, el descontento de los ciudadanos ha estallado.
El estallido se inició en el 2011 con las revueltas cívicas en Túnez y Egipto y le siguió la “Spanish revolution” del Movimiento 15-M. Ambas formas innovadoras de respuesta que buscan caminos nuevos, aunque los objetivos perseguidos son distintos.
Las revueltas árabes son la punta de lanza de una presión desde abajo para democratizar esas sociedades, revoluciones democráticas que previsiblemente buscarán implantar un sistema político liberalizado que responda a las ansias de justicia social de la población. En el caso español, el movimiento quiere, ante todo, acabar con determinadas formas inaceptables que se han instalado en las “infra-democracias” occidentales, donde, en muchos casos, el Estado se confunde con el mercado.
Sin embargo tienen algo común, son la respuesta indignada que estalla cuando un determinado régimen político y social traspasa las líneas fundamentales que garantizan un contrato social elemental.
Estos movimientos articulan acciones de masas auto-organizadas en vínculos organizativos débiles, representando a los que carecen de voz e introduciendo elementos de moralidad política que se han ido perdiendo en las democracias.
La irrupción de las nuevas tecnologías en nuestras vidas ha ayudado, ya que, mientras los medios de comunicación tradicionales están estructurados unidireccionalmente (de arriba abajo), internet tiene una estructura reticular, descentralizada y global.
Los medios de comunicación y las personas están tejiendo una red interconectada, compleja y difícil de desactivar, al estar formada por millones de nodos, tantos como individuos conectados y activos componen esa red. Estos movimientos cuando ocurren son televisados, twitteados, narrados, posteados, fotografiados, mapeados… en tiempo real.

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