miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Autodeterminación o autogobierno cuando los Estados casi no tienen competencias políticas?




En los últimos años, la globalización ha cambiado sustancialmente las pautas políticas, económicas y sociales. La intensificación de las interconexiones globales ha provocado, por un lado, integración, homogeneización y mundialización y, por otro, fragmentación, diversificación, y localización. La globalización produce consecuencias múltiples; de nuevas posibilidades de creatividad en ciertos entornos, a temores, incertidumbres y miedos en otros.

La apertura hacia el mundo provoca, a su vez, un cierre en el seno del individuo, de los grupos sociales o culturales. Esta fragmentación está provocando el debilitamiento estatal y la fractura de la sociedad, apareciendo demandas identitarias basadas en la etnicidad, una cosmovisión religiosa, o el simple el despertar de nacionalismos aletargados.

La globalización crea consecuencias positivas o negativas a nivel económico, político o social tanto en la sociedad en su conjunto como en sus componentes. Este nuevo mundo por el que recorren  multitud de voces, discursos, prácticas y experiencias, la voz del Estado nacional es la que más se debilita. Este Estado que representa el “nosotros”, y cuya voz se pierde en un bosque de voces, de palabras y de ruidos, ya no otorga una confianza total. El poder del Estado nacional ya no es tal. Este ha cedido parte de él a las comunidades que lo integran en forma de cesión de ciertas atribuciones, y otra parte a una estructura mayor (en nuestro caso Europa), perdiendo el protagonimo en la toma de decisiones acerca de asuntos que anteriormente eran considerados básicos para el funcionamiento del Estado como unidad política

El nacionalismo, entonces, puede empezar a actuar aprovechando el sentimiento general de inseguridad provocado por un  mundo tan cambiante, donde la sensación es de “desterritorialización”.

 La opción nacionalista ofrece al ciudadano algo a lo que agarrarse, la pertenencia a un pueblo, con una tradición donde apoyarse para entender este nuevo mundo. Ofrece la vuelta a los “modos de vida tradicionales”, recuperado, descubriendo o fomentando los idiomas autóctonos y las tradiciones populares (fiestas, deportes, música, gastronomía…), muchas veces como símbolos que recuerdan la originalidad propia de cada pueblo. Esto hace que alrededor lo social, lo cultural y lo político se agrupen numerosos colectivos buscando su propia identidad.

Por tanto, mientras que la globalización aparece como proceso dominante en la sociedad actual, a la vez se está configurando la dinámica opuesta, la “localización”. Aunque la reafirmación de lo local no tiene porque estar reñida con la asimilación de algunas características de lo global.

La opción nacionalista, por si, no tendría porque ser una mala opción. Se convierte en una opción negativa cuando la defensa de lo propio supone el  desprecio de lo ajeno. Identidad y convivencia no tienen porque ser contrarios. Lo fundamental es que las relaciones entre los distintos grupos se basen en la integración, la concordia y el respeto.

Webquest que se pueden hacer:
La globalización 
Cultura y diversidad cultural

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