martes, 21 de mayo de 2013

¿Educar o adoctrinar?



La educación formal es un ámbito fundamental de socialización, de transmisión y recreación de valores sociales. Es por esto por lo que los poderes, bien locales, regionales o estatales la han utilizado como instrumento de manipulación y adoctrinamiento.

Es lo que explica la lucha entre los poderes locales y estales, es decir, del nacionalismo y de lo nacional para tomar la cultura como instrumento en su construcción, y apoyándose en la educación alcanzar los objetivos que desean.

 La educación, en manos de los políticos, se convierte en una herramienta para conseguir unos determinados fines. Por una parte, el Estado, a través de la educación, y bajo principios igualitarios, quiere crear una cultura uniforme para, de esta manera, impedir su propio resquebrajamiento; por otra, los líderes locales, con el fin de frenar las intenciones estatales y no perder sus rasgos específicos, quieren imponer su propio sistema educativo de adoctrinamiento. De esta forma, la educación se convierte en un arma arrojadiza contra el Estado y el mecanismo de aculturación se vuelve contra este al utilizar los políticos locales los mismos procedimientos para reeducar a los suyos.

El que el Estado, a través de la imposición de determinados mecanismos culturales, planteándolo como un derecho y exigiendo una educación común, intente eliminar la identidad regional, sin reparar en las diferencias culturales de las distintas nacionalidades integradas en él estado, ha provocado que las minorías nacionales se apoyen en lo contrario de lo establecido por el Estado centralizado, reivindicando el derecho a la autonomía, a la diferencia, a una cultura propia, etc.

Así, a través de la educación, los individuos son adoctrinados, socializados y educados según valores, creencias, costumbres, hábitos y prácticas del intragrupo, lo que les lleva a internalizar los elementos para sí, adquiriendo un compromiso con el grupo, y quedando, en muchas ocasiones, sujeto a los intereses ideológicos del nacionalismo. Es así como los políticos locales consiguen alcanzar los objetivos que se proponen, utilizando la cultura como  inductor a la disgregación con el grupo dominante, a la vez que fomentan la solidaridad del grupo aludiendo a intereses de la minoría.

En esta confrontación cada parte utiliza un argumento distinto, mientras uno utiliza como arma la diferencia, el otro esgrime la integración.

Considero que la educación no debe ser utilizada como herramienta política, y que las políticas educativas deben construirse sobre sólidas bases de convivencia, donde se conozca y respete la realidad de cada identidad, de forma que las identidades del intra-grupo y las del extra-grupo se entremezclen,  sin perder ninguna la identidad, esto enriquecería claramente a la sociedad. 

Enlaces:
"Nuestro interés es españolizar a los niños catalanes" (Wert) 
Mas defiende el catalán como "patrimonio de todos los catalanes", lo hablen o no

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