Para fortalecer una nacionalidad
es importante establecer un trabajo ideológico en varios sectores dentro
de una comunidad o un estado. Por eso, para mantener la identidad de una nación
se necesitan, entre otras cosas, medios de comunicación propios, pues de otra
manera la identidad propia, al utilizar únicamente los pertenecientes al estado
existente, puede llevar a la pérdida y la desaparición de la propia cultura, así
como la lengua, al quedar estas diluidas.
Si tomamos como ejemplo a Cataluña,
esta necesita por una parte remarcar
claramente que tiene una identidad nacional acotada de la de España, y por otra
tiene que exponer de forma clara signos que son importantes para la fundación
de la propia identidad. Es decir, establecer una demarcación definida por una parte
y un fortalecimiento de propiedades por otra parte.
En esta misión, los medios
de masas juegan un papel fundamental. La radio, la televisión, la prensa, e
incluso el cine, son medios para introducir iniciativas con metas nacionalistas.
Así, se puede observar como estos medios promocionan y mencionan las
conmemoraciones, diversas fiestas y días nacionales de Cataluña, refiriéndose constantemente
a la cultura y a la nacionalidad de Cataluña. Es como si existiera miedo a
perder la cultura propia a manos del Estado español.
Hasta la llegada de la de la
democracia el cine en España no se había tenido en cuenta como
herramienta para fortalecer la idea de la identidad nacional. El cine español
consistía principalmente en adaptaciones de obras teatrales o literarias o, como
mucho, reflejaba determinados costumbrismos, “españoladas”.
Aunque hay ciertas
excepciones, durante la época de Franco, en que el cine se utiliza para
consolidar su posición e ideología. Así, por ejemplo, nos encontramos con
películas como “Sin novedad en el Alcázar”
(1940), que retrata el asedio al Alcázar de Toledo; o “Raza” (1941), donde se glorifica la sublevación contra la
República.
Pero a partir de la muerte
de Franco, en Cataluña, el cine entra en escena como herramienta para ayudar a la construcción identitaria. Este
es el caso de “La ciutat cremada” (Antoni
Ribas, 1976), que narra los acontecimientos históricos que se produjeron en Barcelona entre 1898 y 1909, retratando las
peripecias de una familia burguesa catalana desde la llegada de los repatriados
de la guerra de Cuba hasta el estallido de la “Semana trágica”.
Otro caso del cine al
servicio de intereses políticos es “Imatges
i fets dels catalans”, ocho películas, de unos 12 minutos cada una, que
explican didácticamente y desde una perspectiva de reivindicación nacionalista
los episodios claves de este país: desde su nacimiento en el siglo IX a la
Dictadura de Primo de Rivera, tratando asimismo del célebre Corpus de Sangre,
de la emigración a las Américas, de la tradición artesanal e industrial, así
como de los años del sindicalismo y de los orígenes del catalanismo político.
El documental “Catalans Universals” (1978), donde,
durante 65 minutos, se hace una pequeña biografía de 13 personajes catalanes: los
pintores Joan Miró, Salvador Dalí y Antoni Tàpies, el arquitecto Josep Lluís
Sert, la cantante Montserrat Caballé, el escritor Salvador Espriu, los
científicos Joan Oró y Francesc Duran, el clown Charlie Rivel, los médicos
Ignasi Barraquer, Josep Trueta y Antoni Puigvert y el músico Pau Casals.
“Companys, procés a Catalunya” (1979), donde se narra la detención de
Companys en Francia, el juicio sumarísimo en Barcelona y el fusilamiento
franquista de este importante político, que proclamó la República catalana el 6
de octubre de 1934, por lo que fue encarcelado, y que se enfrentó junto con su
Gobierno a la rebelión facciosa del 18 de julio de 1936.
“Monturiol, el senyor del mar” (1992), es un largometraje donde se
intenta explicar al espectador los avatares políticos que vivió el protagonista,
incluido el episodio de Icària, sus
problemas afectivos y de relación social y, además, los avatares de la lucha
que tuvo que sostener con las autoridades del Gobierno central sin ningún
éxito, así como el resentimiento que acumuló y entristeció la parte final de su
vida por el fracaso asumido, era de entrada un proyecto fallido por imposible.
Está claro que muchas veces
el grupo que se encuentra en el poder utiliza el cine para ejercer su
influencia sobre el pensamiento de los ciudadanos, accediendo al subconsciente de
estos de manera indirecta.
Es necesario un cine fuerte
e independiente, pues quizás la necesidad de financiación provoquen la debilidad
de este, al depender en muchas ocasiones de las subvenciones y, por tanto, de
los políticos.
Enlaces de interés:
La ciutat Cremada
Raza
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