miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Nos manipulan?



Para fortalecer una nacionalidad es importante establecer un trabajo ideológico en varios sectores dentro de una comunidad o un estado. Por eso, para mantener la identidad de una nación se necesitan, entre otras cosas, medios de comunicación propios, pues de otra manera la identidad propia, al utilizar únicamente los pertenecientes al estado existente, puede llevar a la pérdida y la desaparición de la propia cultura, así como la lengua, al quedar estas diluidas.
Si tomamos como ejemplo a Cataluña,  esta necesita por una parte remarcar claramente que tiene una identidad nacional acotada de la de España, y por otra tiene que exponer de forma clara signos que son importantes para la fundación de la propia identidad. Es decir, establecer una demarcación definida por una parte y un fortalecimiento de propiedades por otra parte.
En esta misión, los medios de masas juegan un papel fundamental. La radio, la televisión, la prensa, e incluso el cine, son medios para introducir iniciativas con metas nacionalistas. Así, se puede observar como estos medios promocionan y mencionan las conmemoraciones, diversas fiestas y días nacionales de Cataluña, refiriéndose constantemente a la cultura y a la nacionalidad de Cataluña. Es como si existiera miedo a perder la cultura propia a manos del Estado  español.
Hasta la llegada de la de la democracia el cine en España no se había tenido en cuenta como herramienta para fortalecer la idea de la identidad nacional. El cine español consistía principalmente en adaptaciones de obras teatrales o literarias o, como mucho, reflejaba determinados costumbrismos, “españoladas”.
Aunque hay ciertas excepciones, durante la época de Franco, en que el cine se utiliza para consolidar su posición e ideología. Así, por ejemplo, nos encontramos con películas como “Sin novedad en el Alcázar” (1940), que retrata el asedio al Alcázar de Toledo; o “Raza” (1941), donde se glorifica la sublevación contra la República.
Pero a partir de la muerte de Franco, en Cataluña, el cine entra en escena como herramienta  para ayudar a la construcción identitaria. Este es el caso de “La ciutat cremada” (Antoni Ribas, 1976), que narra los acontecimientos históricos que se produjeron en  Barcelona entre 1898 y 1909, retratando las peripecias de una familia burguesa catalana desde la llegada de los repatriados de la guerra de Cuba hasta el estallido de la “Semana trágica”.
Otro caso del cine al servicio de intereses políticos es “Imatges i fets dels catalans”, ocho películas, de unos 12 minutos cada una, que explican didácticamente y desde una perspectiva de reivindicación nacionalista los episodios claves de este país: desde su nacimiento en el siglo IX a la Dictadura de Primo de Rivera, tratando asimismo del célebre Corpus de Sangre, de la emigración a las Américas, de la tradición artesanal e industrial, así como de los años del sindicalismo y de los orígenes del catalanismo político.
El documental “Catalans Universals” (1978), donde, durante 65 minutos, se hace una pequeña biografía de 13 personajes catalanes: los pintores Joan Miró, Salvador Dalí y Antoni Tàpies, el arquitecto Josep Lluís Sert, la cantante Montserrat Caballé, el escritor Salvador Espriu, los científicos Joan Oró y Francesc Duran, el clown Charlie Rivel, los médicos Ignasi Barraquer, Josep Trueta y Antoni Puigvert y el músico Pau Casals.
Companys, procés a Catalunya” (1979), donde se narra la detención de Companys en Francia, el juicio sumarísimo en Barcelona y el fusilamiento franquista de este importante político, que proclamó la República catalana el 6 de octubre de 1934, por lo que fue encarcelado, y que se enfrentó junto con su Gobierno a la rebelión facciosa del 18 de julio de 1936.
Monturiol, el senyor del mar” (1992), es un largometraje donde se intenta explicar al espectador los avatares políticos que vivió el protagonista, incluido el  episodio de Icària, sus problemas afectivos y de relación social y, además, los avatares de la lucha que tuvo que sostener con las autoridades del Gobierno central sin ningún éxito, así como el resentimiento que acumuló y entristeció la parte final de su vida por el fracaso asumido, era de entrada un proyecto fallido por imposible.
Está claro que muchas veces el grupo que se encuentra en el poder utiliza el cine para ejercer su influencia sobre el pensamiento de los ciudadanos, accediendo al subconsciente de estos de manera indirecta.
Es necesario un cine fuerte e independiente, pues quizás la necesidad de financiación provoquen la debilidad de este, al depender en muchas ocasiones de las subvenciones y, por tanto, de los políticos.

Enlaces de interés:
La ciutat Cremada 
Raza 

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