La lengua ha tenido
un papel decisivo en la fundamentación de las identidades colectivas y de las
ideologías nacionalistas.
La función primaria
de una lengua es la comunicación, sin embargo, en algunos territorios se
ha convertido en signo y símbolo de identidad colectiva, asumiendo el papel
de instrumento primordial de “nacionalización” del cuerpo social, dentro
de un proyecto global de “reconstrucción nacional” que se ha puesto en marcha.
Desde el último tercio del
siglo XX, en España, las lenguas minoritarias han pasado a desempeñar papeles
muy importantes con su introducción en los sistemas educativos, la
administración pública y la vida cultural en general.
En el caso concreto del
catalán, conviene recordar que su uso en instituciones y servicios públicos estuvo
censurado en Cataluña desde el final de la Guerra Civil (1939) hasta la
proclamación de la actual Constitución Española (1978), y durante esa época
quedó reducido al ámbito familiar y de amistades.
Sin embargo, a partir de los
años 50, el catalán se identificaba con el poder económico, como símbolo de
influencia socio-económica dentro de Cataluña, con lo que los emigrantes
deseaban aprenderlo y utilizarlo para mejorar su situación social. De esta
forma, poco a poco, se recuperó el catalán como símbolo de identidad de
la región y emblema de Cataluña.
El que Cataluña haya sido
tradicionalmente receptora de emigración, no ha supuesto un obstáculo. De
hecho, las instituciones locales y autonómicas han realizado un gran esfuerzo a
través de la aplicación de políticas de “normalización lingüística” y en la
escolarización en catalán de las nuevas generaciones. Esto es fundamental para
la pervivencia de la lengua catalana que, de otra forma, podría empezar a
perderse y con ella ir diluyéndose la identidad catalana.
Así, la preservación del catalán
como instrumento de comunicación y de cultura ha hecho que sea uno de los
pilares principales de la identidad colectiva, lo que ha supuesto que se “utilice”
para determinadas actitudes políticas y electorales. De esta forma el catalán
se ha convertido en clave en la construcción de las identidades colectivas
y en la delimitación de las fronteras grupales en Cataluña.
Los políticos catalanes
intentan potenciar un perfil etno-cultural perfectamente distinguible, que la
diferencie de entidades vecinas, de manera que se afiancen sus posibilidades de
ser reconocida como nación en el concierto de las naciones.
Creo que los políticos,
al utilizar la lengua como instrumento de confrontación, de alguna forma, han
creado un “problema” donde no había ninguno, sino solamente anhelos y emociones
primordiales aferradas a la memoria de las personas. El conflicto lingüístico
está anclado en los partidos e instituciones políticos, que lo cultivan y utilizan
por su valor estratégico, porque, de hecho, la gran mayoría de los catalanes
son bilingües, de forma que ese bilingüismo les permite adaptarse a las
cambiantes circunstancias de su entorno social inmediato. No creo que la lengua
en si misma llegue a crear un sentimiento de identidad tan fuerte que lleve a
los ciudadanos al deseo de la independencia.

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