viernes, 17 de mayo de 2013

¿Una lengua que separa?



La lengua ha tenido un papel decisivo en la fundamentación de las identidades colectivas y de las ideologías nacionalistas.
La función primaria de una lengua es la comunicación, sin embargo, en algunos territorios se ha convertido en signo y símbolo de identidad colectiva, asumiendo el papel de instrumento primordial de “nacionalización” del cuerpo social, dentro de un proyecto global de “reconstrucción nacional” que se ha puesto en marcha.
Desde el último tercio del siglo XX, en España, las lenguas minoritarias han pasado a desempeñar papeles muy importantes con su introducción en los sistemas educativos, la administración pública y la vida cultural en general.
En el caso concreto del catalán, conviene recordar que su uso en instituciones y servicios públicos estuvo censurado en Cataluña desde el final de la Guerra Civil (1939) hasta la proclamación de la actual Constitución Española (1978), y durante esa época quedó reducido al ámbito familiar y de amistades.
Sin embargo, a partir de los años 50, el catalán se identificaba con el poder económico, como símbolo de influencia socio-económica dentro de Cataluña, con lo que los emigrantes deseaban aprenderlo y utilizarlo para mejorar su situación social. De esta forma, poco a poco, se recuperó el catalán como símbolo de identidad de la región y emblema de Cataluña.
El que Cataluña haya sido tradicionalmente receptora de emigración, no ha supuesto un obstáculo. De hecho, las instituciones locales y autonómicas han realizado un gran esfuerzo a través de la aplicación de políticas de “normalización lingüística” y en la escolarización en catalán de las nuevas generaciones. Esto es fundamental para la pervivencia de la lengua catalana que, de otra forma, podría empezar a perderse y con ella ir diluyéndose la identidad catalana.
Así, la preservación del catalán como instrumento de comunicación y de cultura ha hecho que sea uno de los pilares principales de la identidad colectiva, lo que ha supuesto que se “utilice” para determinadas actitudes políticas y electorales. De esta forma el catalán se ha convertido en clave en la construcción de las identidades colectivas y en la delimitación de las fronteras grupales en Cataluña.
Los políticos catalanes intentan potenciar un perfil etno-cultural perfectamente distinguible, que la diferencie de entidades vecinas, de manera que se afiancen sus posibilidades de ser reconocida como nación en el concierto de las naciones.
Creo que los políticos, al utilizar la lengua como instrumento de confrontación, de alguna forma, han creado un “problema” donde no había ninguno, sino solamente anhelos y emociones primordiales aferradas a la memoria de las personas. El conflicto lingüístico está anclado en los partidos e instituciones políticos, que lo cultivan y utilizan por su valor estratégico, porque, de hecho, la gran mayoría de los catalanes son bilingües, de forma que ese bilingüismo  les permite adaptarse a las cambiantes circunstancias de su entorno social inmediato. No creo que la lengua en si misma llegue a crear un sentimiento de identidad tan fuerte que lleve a los ciudadanos al deseo de la independencia.

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